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martes, abril 17, 2012

Homosexualidad

Las desaforadas reacciones del lobby gay cuando se censura el comportamiento homosexual dejan patentes varias cuestiones. La primera es que el problema gay no es un problema de lujuria sino de soberbia. A quienes disfrutan de la lujuria, que sea un vicio o un pecado les resulta indiferente. El verdadero lujurioso no para en menudencias. Lo que el lobby gay realmente no sufre es que le lleven la contraria. En segundo lugar que el lobby gay ha errado al señalar a la Iglesia como su enemigo, el enemigo es la razón no la Iglesia. En este caso la Iglesia solo es el parapeto donde la razón ha encontrado su último refugio. El lobby gay podrá imponer por la vía de la coacción toda su ideología pero nunca podrá conseguir que la razón deje de comprender la irracionalidad del comportamiento homosexual.