Quienes se asombran de los milagros no han reparado en que su misma existencia es un milagro, que todo es un milagro, que lo divino y lo creado no son dos mundos separados, que la creación es una obra de Dios. No existe una supuesta realidad que se encuentra al margen de Dios. Nada es natural todo es un asombroso milagro.
Estos entienden la existencia como algo que le es debido no como don, algo propio no dado. Dicen, esto es mío, esta es la realidad, este es mi dominio, mi seguridad. No advierten que no hay nada seguro en ese sentido, no existe una realidad segura al margen de Dios. Todo lo que existe existe en la voluntad donadora de Dios, todo pende de su benevolencia. Por eso no pueden percibir la alegría de lo creado, la alegría de reconocer que todo es un regalo. Sea supuesta seguridad a la que el yo se aferra es una falsa seguridad que marchita su mirada sobre el mundo. Ven al mundo como una posesión, como algo insignificante, vacío.
Dicen, no hay más verdad que la razón técnica que versa sobre lo material. Pero esto no es más que el yo atrincherándose en su falsa seguridad, un yo que no quiere salir de sí mismo. Esto es irracional. Afirma, solo admito que existe la materia para no tener que salir de si mismo. El racionalismo es una prevención para defender el egoísmo.
La única esperanza del hombre moderno es, la ciencia llegará a dominarlo todo. Y cuando lo domine todo, ¿qué? El hombre seguirá en su encerramiento, en su inanidad.