La Virgen María
Jesucristo ha querido que la Virgen María participase de su realeza, de su gobierno sobre el mundo y la historia. A la santísima Virgen le ha dado todo el poder. Poder en forma de intercesión, la omnipotencia suplicante. Ella puede cambiar el curso de la historia y el curso de nuestra vida personal. Coopera en la obra de la Redención, lucha por el triunfo de se Hijo.

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