Ciencia y razón
El problema de la ciencia y la religión resulta de que algunos científicos son óptimos científicos pero pésimos filósofos y su competencia en la ciencia experimental no se corresponde con su insipiencia filosófica.
El problema de la ciencia y la religión resulta de que algunos científicos son óptimos científicos pero pésimos filósofos y su competencia en la ciencia experimental no se corresponde con su insipiencia filosófica.
Para el que no ve la meta no hay camino. Y no hay camino porque no hay ningún lugar al que llegar. Solo cuando hemos conocido la meta entendemos el camino. Al ateo no basta con darle unas pruebas, unos argumentos, unas premisas para que concluyan la existencia de Dios. Para el ateo la realidad es un hecho mudo, opaco. La realidad no tiene significado. Es la meta la que hace visible el camino. La luz es una decisión acerca de la meta. El corazón ha de abrirse al deseo de la meta para que se haga la luz sobre el camino. El hombre no es pura razón. Es el yo quien en último término decide sobre la luz y las tinieblas. El problema reside en qu el ateo está a gusto en su yo, no alberga en su corazón el deseo de la meta, por eso la meta no ilumina ningún camino. Ninguna prueba es para él camino porque no va a ninguna parte. Las pruebas no son más que hechos sin significado. Solo existe camino para el que camina porque el que camina conoce ya la meta y las pruebas son las huellas de la meta. Quien conoce la meta reconoce la meta en las pruebas.