Ceguera y luz
El pecador por el amor de sí mismo que supone el pecado está ciego para ver el bien. Solo el que ama el bien ve el bien, el pecador por el amor de sí mismo no puede ver el bien. Cuanto más amor de sí mismo mayor ceguedad para el bien.
En medio de esa oscuridad el pecador ha de dejarse conducir por la obediencia de la fe y así desandar el camino del pecado hacia la luz.

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