Rompecabezas
Si la vida fuese un rompecabezas se podría decir que la mayoría de la gente lo ha ido componiendo hasta hacerse una imagen general de la existencia de acuerdo con sus gustos. Y así uno puede encontrarse con toda una retahíla de imágenes a cada cual más peregrina que dan una explicación de la existencia. Sucede, sin embargo, que en una inmensa mayoría de esos rompecabezas hay una pieza que no encaja, la muerte, lo cual desvela lo falaces que son esas imágenes. Para encajar esa pieza se ha sometido a la muerte a todo tipo operaciones cosméticas: la versión más divertida es la de la reencarnación, aquí mismo en internet puede encontrarse uno páginas donde le descubren quien ha sido uno en sus anteriores existencias; tampoco está mal la de "vivirás siempre en nuestro recuerdo", como si lo que tiene vida no fuese el que recuerda y no lo recordado; la más fácil es la de que desaparecemos, pero ésta es un engaño porque los mismos que la mantienen luego no viven de acuerdo con esa suposición, si desapareciesemos nuestra existencia carecería de contenido vital, todas nuestras acciones y nuestras decisiones serían irrelevantes, propiamente no se podría llamar vida: esto no se lo cree ni el más empecinado de los materialistas.
En cualquier caso, se trata de un seudoproblema porque la muerte, como la enfermedad o el resto de penurias que dañan nuestra existencia son accidentes de nuestra existencia. A lo que hay que dar respuesta no es al problema de la muerte sino al problema del mal moral del que esas penurias no son sino las consecuencias. La cuestión que todos los rompecabezas que el ser humano inventa evade y que es la única relevante es el juicio, o más exactamente, la remisión de nuestros pecados, la liberación del mal. A esta cuestión solo hay una respuesta, Jesucristo, Nuestro Señor.

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