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lunes, enero 18, 2010

La pastilla del día después

Las ley que legaliza la pastilla del día después (¿después de qué? se pregunta uno. La única respuesta coherente es después de la posible concepción de un ser humano), como todas las de este tipo, manifiesta una concepción despersonalizadora del ser humano. No le preocupa el individuo en cuanto tal, en tanto que persona moral sino las consecuencias materiales que puede acarrear su comportamiento. Si les preocupase el individuo en cuanto persona la solución consistiría en educar moralmente al individuo y a la sociedad, fomentar socialmente la virtud moral y luego correr el riesgo de la libertad de los individuos.
El legislador en estos casos contempla al individuo como un sujeto no moral, irresponsable, de ahí que la única vía sea minimizar las consecuencias materiales de sus actos.
La pregunta que aflora siempre en estos casos es: ¿qué pinta el estado interviniendo en cuestiones morales? La respuesta es que el estado considera el sexo como pura biología, no como una realidad personal, moral. Pero si admitimos que el sexo es pura biología entonces habría que cuestionarse el matrimonio, la familia, la patria. El reverso de cuestionarse el matrimonio, la familia, la patria es sencillamente el totalitarismo. El problema es que hace demasiado tiempo que hemos aceptado vivir en un sistema totalitario.

Libertad

Hay quienes afirman: Yo soy libre, yo hago lo que quiero. A esos hay que recordarles que nuestra libertad nunca está deshabitada, cuando no está ocupada por el bien lo está por el mal. Lo decisivo no es hacer lo que quiero sino querer lo que es bueno.

Vivir

Vivir es ser responsable de la realidad, ser moral. O la vida tiene contenido moral o queda vacía de contenido, se convierte en un sucederse de impresiones, de estados emocionales.

domingo, enero 17, 2010

Anticoncepción

Lo que más ha dañado al matrimonio ha sido la mentalidad anticonceptiva, antes que el divorcio. Sin el fin primero del matrimonio que es la procreación éste queda sin su contenido esencial. De ahí al divorcio solo hay un paso. Por mentalidad conceptiva me refiero a entender que la procreación no es constitutiva de las relaciones conyugales, es decir, que la procreación depende de los esposos. Por la procreación el matrimonio es algo que trasciende a los esposos, es una institución, una creación divina, una participación en la obra de Dios. Si los esposos no entienden que sus relaciones tienen un fin no dado por ellos entonces el matrimonio es algo que se encierra en ambos. Si el matrimonio se encierra en ambos se convierte en una creación humana, algo que el hombre puede hacer o deshacer.

viernes, enero 15, 2010

Rompecabezas

Si la vida fuese un rompecabezas se podría decir que la mayoría de la gente lo ha ido componiendo hasta hacerse una imagen general de la existencia de acuerdo con sus gustos. Y así uno puede encontrarse con toda una retahíla de imágenes a cada cual más peregrina que dan una explicación de la existencia. Sucede, sin embargo, que en una inmensa mayoría de esos rompecabezas hay una pieza que no encaja, la muerte, lo cual desvela lo falaces que son esas imágenes. Para encajar esa pieza se ha sometido a la muerte a todo tipo operaciones cosméticas: la versión más divertida es la de la reencarnación, aquí mismo en internet puede encontrarse uno páginas donde le descubren quien ha sido uno en sus anteriores existencias; tampoco está mal la de "vivirás siempre en nuestro recuerdo", como si lo que tiene vida no fuese el que recuerda y no lo recordado; la más fácil es la de que desaparecemos, pero ésta es un engaño porque los mismos que la mantienen luego no viven de acuerdo con esa suposición, si desapareciesemos nuestra existencia carecería de contenido vital, todas nuestras acciones y nuestras decisiones serían irrelevantes, propiamente no se podría llamar vida: esto no se lo cree ni el más empecinado de los materialistas.
En cualquier caso, se trata de un seudoproblema porque la muerte, como la enfermedad o el resto de penurias que dañan nuestra existencia son accidentes de nuestra existencia. A lo que hay que dar respuesta no es al problema de la muerte sino al problema del mal moral del que esas penurias no son sino las consecuencias. La cuestión que todos los rompecabezas que el ser humano inventa evade y que es la única relevante es el juicio, o más exactamente, la remisión de nuestros pecados, la liberación del mal. A esta cuestión solo hay una respuesta, Jesucristo, Nuestro Señor.

Buenismo

Tantísimas veces oigo: "Yo ya soy bueno". Al comportamiento de quienes así piensan, ya lo he dicho en otras ocasiones, le llamo buenismo. El buenista es aquel que atrapado por las garras de la Bestia no hace nada por liberarse pues no siente dolor. Liberarse exige el dolor del desgarramiento. Permanecer mordido por las garras puede llegar a ser placentero pero conlleva el desenlace fatal de ser devorado. El buenista solo está dispuesto a rechazar el mal hasta donde no tenga que renunciar a su yo. Es decir, no rechaza el mal en cuanto mal, en cuanto ofensa a Dios, sino en cuanto a las consecuencias que ese mal pueda acarrear a su yo. El buenista no pretende una liberación radical del mal solo pretende que el mal no le produzca molestias.