La pastilla del día después
Las ley que legaliza la pastilla del día después (¿después de qué? se pregunta uno. La única respuesta coherente es después de la posible concepción de un ser humano), como todas las de este tipo, manifiesta una concepción despersonalizadora del ser humano. No le preocupa el individuo en cuanto tal, en tanto que persona moral sino las consecuencias materiales que puede acarrear su comportamiento. Si les preocupase el individuo en cuanto persona la solución consistiría en educar moralmente al individuo y a la sociedad, fomentar socialmente la virtud moral y luego correr el riesgo de la libertad de los individuos.
El legislador en estos casos contempla al individuo como un sujeto no moral, irresponsable, de ahí que la única vía sea minimizar las consecuencias materiales de sus actos.
La pregunta que aflora siempre en estos casos es: ¿qué pinta el estado interviniendo en cuestiones morales? La respuesta es que el estado considera el sexo como pura biología, no como una realidad personal, moral. Pero si admitimos que el sexo es pura biología entonces habría que cuestionarse el matrimonio, la familia, la patria. El reverso de cuestionarse el matrimonio, la familia, la patria es sencillamente el totalitarismo. El problema es que hace demasiado tiempo que hemos aceptado vivir en un sistema totalitario.
