Creer
"Creo en Dios pero no en la Iglesia" viene a significar que uno no quiere ningún compromiso real, no quiere un Dios real sino un idolillo.
"Creo en Dios pero no en la Iglesia" viene a significar que uno no quiere ningún compromiso real, no quiere un Dios real sino un idolillo.
En ocasiones se oye un juicio del tipo: "Es una buena persona, hace buenas cosas". Pero lo importante no es exactamente lo que hago sino lo que debería hacer. Para que se califique a alguien de bueno no basta con que haga el bien sino que haga el bien que debe hacer. Es muy fácil hacer el bien dejando de hacer el bien que uno debería hacer.
Los escépticos relativistas no tienen ninguna duda, están completamente seguros de si mismos. Dudan de lo que no conviene a su yo. No se fían mas que de sí mismos.
El hombre contemporáneo se considera a si mismo inocente, por tanto, Dios ha de justificarse, ha de dar cuentas de la existencia del mal. Esta es una perspectiva del todo falsa, la situación real es que el hombre está atrapado por el mal y Dios en su infinita misericordia trata de rescatarlo.
Jesucristo nos ha manifestado que la verdadera estructura de la realidad no es justicia sino misericordia. Con su muerte cumplió toda justicia. La relación con la realidad es fidelidad-misericordia. El que cree ya está salvado porque ha abandonado la estructura de justicia. La causa de la Pasión son nuestros pecados, la estructura justicia.
Propiamente hablando la gente, en general, no tiene problemas con la Iglesia, tiene problemas con la moral, bien problemas propios bien problemas de los allegados. Sucede que la Iglesia es el rostro visible de esa moral.
El hombre cotemporáneo no se fía de la sabiduría y bondad de Dios, pretende ser su propia providencia. Este hombre reprocha a Dios: "Tú, Dios, no sabes. Deja que del mundo nos ocupemos nosotros. Nosotros te queremos pero mantente lejos de nuestros asuntos". Y no admite esta sabiduría y esta bondad de Dios porque la sabiduría y bondad de Dios pasan por la Cruz de Jesucristo.
El relativismo y la duda incapacitan al hombre para acercarse a Dios. Este acercamiento exige el abandono absoluto, la obediencia de la fe, la confianza total. El relativista, el que duda está encerrado en su yo, le falta la confianza para abandonarse en Dios. No confía más que en sí mismo, tiene seguridad en sí mismo. La duda vuelca al hombre por e miedo sobre sí mismo, solo se fía de sí. Al que duda le falta la alegría, la confianza en la vida.