Discriminación, otra vez
Determinados grupos sociales, por ejemplo, los gay, los nudistas, etc. han comenzado a emplear un arma destructiva en su estrategia de reforma de la sociedad. En cuanto alguien no asume sus directrices ideológicas lo acusan de discriminación. Esa acusación es ciertamente la forma más inhumana de violencia. Lo que a uno le están diciendo cuando lo acusan de discriminar es: Absténgase de realizar un juicio moral sobre los actos, renuncie a su condición humana, renuncia a preguntarse por lo que está bien o mal moralmente, renuncie a su condición de ser moral.
La acusación suele formularse de la siguiente manera: "Me estás juzgando". La respuesta es, nadie puede pedirme que renuncie a realizar un juicio moral sobre las acciones. Si renuncio a mi condición de ser moral solo queda la violencia, la ley del más fuerte.
La pretensión de estos grupos es que desaparezca de la sociedad toda referencia moral, la vida social ha de quedar relegada al poder. Esto, evidentemente, es un golpe moral a la condición humana. Es lo que Lewis llamaba la abolición del hombre. Ser hombre es precisamente eso, discriminar, discernir, distinguir el bien del mal. Si me impiden juzgar dejo de ser hombre. La discriminación culpable es la resulta de que mi juicio sea injusto, pero no por el hecho de juzgar soy injusto sino por juzgar injustamente.

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