Dios os hará libres
El modo como se nos presenta el laicismo es un engaño. Es una falsedad decir que expulsando la religión de la vida pública ésta queda constituida como un espacio neutro, aséptico para la realización de una sociedad plural en libertad. Excluir la religión del ámbito de lo público no significa establecer un espacio neutral en lo público sino sustituir la cosmovisión religiosa de la vida social por una cosmovisión agnóstica. Es decir, se sustituye la religión por un nuevo marco existencial para la sociedad, el agnosticismo. No hay que olvidar que el laicismo no es más que la versión política de la doctrina filosófica del agnosticismo. El cambio que se pretende realizar consiste, pues, en abandonar la realidad como marco de la existencia y sustituirla por la subjetividad. No es dejar un espacio libre sino ocupar el lugar con un marco aparentemente invisible pero que vacía de contenido todo cuanto se encuentra alojado en ese marco. El laicismo no deja a la sociedad sin un marco de referencia religioso sino que le impone un nuevo marco referencial. No hay liberación sino sustitución. No se hace a la sociedad más libre sino que se la secuestra en un marco sin libertad. Al abandonar a Dios la libertad queda desorientada, no tiene razón de ser, confinada al repliegue sobre sí misma. La supuesta ausencia de marco es el nuevo marco. La supuesta ausencia de límites es ya el límite, el más estrecho de los límites. A partir de ahora la sociedad la construirá el yo sin más referencias que el yo mismo. Al desalojar a Dios de la vida pública lo único que se pretende es que el yo ocupe todo el espacio vital. Lo cual es lo más trágico que le puede suceder al ser humano, que le escamoteen la vida real y le cuelen de matute una ralladura mental. Solo Dios hace que la vida sea real, todo lo demás es la locura que diría Nietzsche. Los que implantan el laicismo están imponiendo ya una nueva referencia, una referencia que anula la realidad y, por consiguiente, la libertad. La alternativa no es Dios o libertad, sino Dios o la nada. En este sentido, los que , con la mejor intención, en nombre de la libertad dicen estar de acuerdo con los laicistas están contribuyendo a liquidar la libertad para ellos mismos y para sus conciudadanos. En este caso, defender a Dios en la vida pública es el único camino para defender la libertad.

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