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lunes, mayo 11, 2009

El mal

En la Biblia la presencia del mal en forma de enfermedad, muerte, desastres, etc. es un aviso, una llamada, una advertencia que el hombre ha de interpretar. Se espera del hombre que ante esa presencia recapacite y considere que se trata del vestigio de un mal más definitivo y terrible. El razonamiento del hombre debería ser: Este mal que me duele tanto no es más que una consecuencia parcial y pasajera del pecado, ¿cuál no será el daño definitivo si no me libero del pecado? Este razonamiento debería conducirle al arrepentimiento y a la penitencia: he de liberarme del pecado.
La reacción del hombre moderno ante la presencia del mal es bien distinta, su razonamiento es: ¿Dónde estás Dios? ¿Qué pasa contigo Dios, en qué estás pensando? ¿Por qué eres tan injusto? ¿No te das cuenta de que esto me hace sufrir?
El hombre se ha arrogado la propiedad del mundo y la existencia. Se ha convertido en dueño absoluto que no tiene que rendir cuentas a nadie. Es más se queja del verdadero propietario a quien ha hurtado la propiedad del mundo y la existencia. Ha entrado en el jardín, lo ha destuido y echa las culpas al dueño.