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jueves, agosto 14, 2008

Jesucristo

El problema de Jesucristo no es su historicidad, como algunos pretenden, sino lo que implica su realidad, su pretensión de ser Dios. Esta pretensión significa la necesidad de convertir la propia existencia de acuerdo con Él. La aceptación de la realidad histórica de cualquier otro personaje no conlleva esta transformación radical de la propia existencia, esta decisión definitiva. Detras de todas las insinuaciones que pretenden deslegitimar a Jesucristo se encuentra este intento de destruir su pretensión de Absoluto. Se está dispuesto a aceptar que es una magnitud entre otras pero no que sea la medida, el juicio de toda magnitud.