Autoridad
La manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras. San Gregorio Magno
La manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras. San Gregorio Magno
"¿De qué le sirve al hombre poseer el mundo entero si pierde su alma?" Esto no se refiere a que si no cumples la ley de Dios vas a perder los bienes que tienes sino que a cambio del alma todos los bienes físicos carecen de valor.
No somos buenas personas que de vez en cuando caen en pecado sino que somos pecadores que por la gracia de Dios vamos venciendo el pecado.
La muerte no es algo natural, no es un fenómeno biológico sino que es una catástrofe existencial, una tragedia vital. La muerte solo tiene sentido como castigo del pecado como decía san Pablo. Querer verla de otra manera es un modo de evadir la responsabilidad de la existencia propia.
¿Dónde está Dios? preguntan ante el mal físico. Olvidan que Dios no existe en función del hombre, para construir el mundo material del hombre. Es el hombre el que existe en función de Dios, para llevar a cabo el plan de Redención de Dios que es la vida moral del hombre.
Se ha producido un cambio de perspectiva a la hora de acercarse a la realidad que ha provocado que el hombre actual no entienda lo que está sucediendo. La perspectiva correcta acerca de la realidad es: el pecado original ha causado la presencia del mal en el mundo, cada obra buena es un milagro de Dios, toda obra buena es gracia de Dios que rescata al mundo del pecado. La perspectiva errónea es: nosotros somos buenos, el mal es un fallo de Dios.
La máxima pasión de los demonios es difundir el error. Los demonios no pueden atrapar más que a quienes ya han engañado con trampas.
El argumento de que la Iglesia es anacrónica puede servir para quien no tiene certeza, para quien necesita refrendar una duda con el criterio de la mayoría o de la moda.
El laicismo es una religión, la religión del yo. Su existencia depende de negar toda posibilidad de la existencia de Dios. Por eso es antiteísta por definición. No hay más moral que el deseo del yo. Toda explicación de la realidad es admitida siempre que excluya la hipótesis Dios pues Dios limitaría al yo. Tales son sus dos convicciones: afirmación del yo y negación de la posibilidad de Dios, por eso parecen no tener convicciones.
No hay un pensamiento débil sino un hombre débil, sin la fuerza de Jesucristo. El hombre actual vive secuestrado por el miedo a la muerte del que hablaba San Pablo.
El problema de Jesucristo no es su historicidad, como algunos pretenden, sino lo que implica su realidad, su pretensión de ser Dios. Esta pretensión significa la necesidad de convertir la propia existencia de acuerdo con Él. La aceptación de la realidad histórica de cualquier otro personaje no conlleva esta transformación radical de la propia existencia, esta decisión definitiva. Detras de todas las insinuaciones que pretenden deslegitimar a Jesucristo se encuentra este intento de destruir su pretensión de Absoluto. Se está dispuesto a aceptar que es una magnitud entre otras pero no que sea la medida, el juicio de toda magnitud.
"Esa es tu opinión". Este es el típico recurso de quien no quiere conocer la verdad sino seguir su interés. En estos casos no hay posibilidad de diálogo porque el otro no está dispuesto a salir de sí mismo, a encontrarse en el terreno de la verdad. Si se niega la posibilidad de la verdad no hay lugar para el encuentro. Queda el conflicto de intereses o la conjunción de intereses. Pero no hay lugar para lo común.
No hay verdad acerca de la realidades humanas sin compromiso con esas realidades. No puede encontrar la verdad con relación a las realidades humanas quien no está dispuesto a comprometerse con la verdad de esas realidades.
Es cierto que cada uno piensa según la formación que ha recibido pero eso no impide que una formación sea verdadera y otra falsa.
Si Dios nos abandonase a nosotros mismos crecería el mal hasta el extremo de nuestra autodestrucción. Pero Dios interviene continuamente para que el mal no nos desborde. Con su acción va deteniendo el ímpetu del mal. Contiene el mal por medio de los hombres que responden a su gracia.
Hay un tipo de buenas personas que lo son mientras tienen satisfechas todas sus necesidades, sin preocuparse de la justica moral. Estas tienen buenos sentimientos pero son inmorales. En cuanto una ley moral se opone a sus deseos se la saltan, la ignonan o la niegan. Lo cual demuestra que no son morales. La prueba de la auténtica buena persona es si está dispuesta a negarse a sí misma ante una ley moral. Mientras importe más la propia satisfacción que la norma moral no hay verdadera buena persona.