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martes, abril 29, 2008

Comodidad

Tantísimas veces olvidamos que el bien es arduo, que exige sacrificio. Por eso, no basta querer ser buenos es necesario sacrificarse, salir de uno mismo. Habitualmente resulta incompatible nuestra comodidad y nuestro deseo de ser buenos. El precio de ser buenos es el sacrificio de nuestro bienestar.

¿Por qué nos trata Dios así?

Algunos dicen: "Si existe Dios, ¿por qué actúa así (es decir, ¿por qué permite el mal?)". Quien así pregunta no está intentando comprender a Dios sino pidiendo a Dios que se justifique. El que así pregunta se ha constituido a sí mismo en el centro, por tanto, Dios solo puede tener algún significado si encaja en el universo del que pregunta. Es decir, está pidiendo a Dios que justifique su presencia en el universo del yo, o lo que es lo mismo, no espera ninguna respuesta, le está diciendo a Dios que sobra en su universo. No es una pregunta acerca de Dios sino la afirmación de que semejante ser no es pertinente en el universo de mi yo. Con semejante pregunta lo que se está diciendo es: Dios no es una realidad que me interese.
Para que la pregunta acerca de Dios tenga algún contenido es necesario abandonar el universo de nuestros deseos e intereses, descentrarse. Para comprender a Dios hay se colocarse en la perspectiva de Dios, no en la nuestra. Mientras no salimos del universo del yo Dios permanece ininteligible para nosotros.
Conocer la realidad exige compromiso con la verdad. Mientras no exista ese compromiso con la verdad no se logra conocer la realidad. Ese compromiso con la verdad es salir de uno mismo, del encerramiento en el yo. La realidad no es algo plano (que dos más dos sumen cuatro es una verdad plana no tiene ningún contenido vital, real, es pura abstracción, no exige para el que la conoce ningún compromiso) sino que tiene un contenido vital por eso exige de aquel que quiera conocerla un compromiso vital. Por eso se pueden conocer muchas verdades planas (en general verdades que se refieren al funcionmiento de las cosas) pero no conocer la verdad, la realidad, la vida. La verdad es vida por eso exige compromiso.
Para entender a Dios es necesario comprometerse con la realidad, con la verdad. Desde la posición del yo no se entiende nada, hay que purificar el corazón del egoísmo, hay que salir de uno mismo para mirar con la mirada de Dios. No es cierto que Dios esté ausente, lo cierto es que faltan hombres comprometidos, hombres responsables.
Por lo mismo, nuestra vida no crece, no madura hasta que no se compromete con la verdad. Para madurar se precisa ese compromiso serio, ese hacerse responsables de la verdad.

Conversión

Hay mucha gente que piensa que hay algunas personas malas, los malos. A esos Dios debe castigarlos por su maldad, pero ellos no son malos en ese sentido, luego no tienen que cambiar, es decir, ellos no corren peligro de castigo. Sin embargo, decía nuestro Señor Jesucristo, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Lo importante es que todos nos reconozcamos pecadores y que todos nos convirtamos. Hay que abandonar esa falsa seguridad en la propia bondad. Ante Dios nadie es bueno. No reconocer nuestro mal es nuestro riesgo.

martes, abril 15, 2008

Azar

Que unos llamen a la realidad azar y otros la llamen milagro no dice nada acerca de la realidad solo dice acerca de aquel que mira la realidad. Unos miran con escepticismo y los otros la miran con confianza.

martes, abril 01, 2008

El hombre y el progreso

Uno de los fines de la ideología progresista es reducir al ser humano a la condición de especie humana entre otras especies animales, es decir, desposeerlo de su condición moral, de su dignidad. Lo que se pretende es dirigirse hacia una situación de "inocencia originaria" anterior a toda condición moral. Una especie de paraíso de especies sin Dios, sin responsabilidad moral. La moralidad, dicen, es lo que arruina esa inocencia animal. Desalojar a Dios de la creación y tomar plena posesión del paraíso. Pero abandonando su condición moral el ser humano no se convierte en un inocente simio sino en un monstruo egoísta. El resultado a la vista está: millones de abortos, violencia hombre-mujer, la familia y el matrimonio destruidos, hombres y mujeres sin ninguna razón para vivir, hombres y mujeres teniendo como único fin de su vida el bienestar, etc., etc.

Ciencia y materialismo

Todo el discurso de los que se dicen materialistas se funda en el supuesto de que son materialistas por razones científicas pero si algo no es el materialismo es científico. El materialismo es una convicción existencial, una especie de cosmovisión ideológica. Por razones científicas (hablo de ciencia en el sentido de ciencias experimentales) uno puede descubrir una vacuna, inventar un artilugio innovador, etc. pero nunca podrá ser materilista. Uno es materialista porque le da la gana, es decir, por una libre decisión existencial, que es una loable razón, pero no es posible que lo sea por razones científicas. Una cosa bien distinta es que una vez que ha decidido ser materialista tenga una visión materialista de la ciencia y, entonces, selecciones y prejuzgue los datos científicos para que sean datos científicos materialistas.

Santidad y moral

Al profanar lo sagrado (también la conciencia) el hombre se ha quedado sin esperanza. Si todo es profano, si no hay nada santo, no hay nada que esperar.
Puedo (no me sucederá ningún mal físico) pero no debo. Las normas morales son algo santo, expresan la santidad de Dios. Si cae la santidad de Dios cae la norma moral. No se entiende la salvación sino se entiende el pecado. La norma expresa la voluntad santa del Dios Santo. Algunos dicen: No hago daño a nadie, sin embargo, el pecado es tal porque no respeta la santidad de Dios.
La esencia de lo moral es que la santidad de la norma vale más que mi vida física.
La profanación de la santidad de Dios, la disolución de la trascendencia de Dios en la inmanencia del mundo y de la historia, ha tenido como consecuencia la desaparición de lo moral. Si todo es profano no hay moral.

Una larga cita

Vienen las tinieblas, la falta de fe, cuando nos cerramos a la voluntad de Dios. Con la venida de Nuestro Señor Jesucristo el hombre es llamado a una decisión total, creer y fiarse de Él. El hombre ya no puede engañarse ni seguir todavía inconscientemente en las tinieblas. La luz que es Jesucristo ha dividido a los hombres entre los que han elegido la luz y los que han elegido las tienieblas. La autorevelación de Jesucristo concita el rechazo de quienes no han querido recibir la luz. El pecado es esa actitud de autosuficiencia y cerrazón que impide que nos ilumine la luz de Cristo. Por eso cada uno es autor de su luz y sus tinieblas.