El problema social
El hombre opulento ha determinado que es un ser autosuficiente, independiente, autónomo. Esta es su nueva situación existencial y desde esta situación elabora sus juicios existenciales. Esta situación existencial es absolutamente falsa por eso todos sus razonamientos vitales resultan erróneos. Comienza razonando a partir de sus derechos (deseos) e ignorando su responsabilidad respecto a la realidad (ser hombre consiste en hacerse cargo de la realidad) puesto que considera la realidad como materia insignificante, dispuesta a su servicio. Ahora bien, ignorada voluntariamente la justicia, el ser justos con la realidad no queda más camino que la violencia, la ley de la fuerza. La sociedad se ha estructurado como una competición de fuerzas, de poderes, de intereses. Esta es una opción posible, al hombre siempre le cabe la posibilidad de constituirse en soberano. Pero si elige esta opción ya no conserva la posibilidad de ser racional, justo. Todo intento de racionalidad y justicia se convierte en demagogia, en sofístería. Además es una opción perdedora porque Dios acepta el reto de la rebelión y se reserva para Si la realización de la justicia.

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