Moral y sexo
Para los animales todo se resuelve en biología, en realidad, no tienen existencia., solo forman parte de un proceso. Nosotros hemos sido puestos en manos de nuestra libertad. El contenido de nuestra libertad es nuestra dignidad y ese contenido es el yo debo, el Bien. Si renunciamos al yo debo caemos en la biología, dejamos nuestra vida vacía de contenido, vacía de dignidad. Pero como no podemos dejar de ser libres, nos transformamos en un absurdo. El contenido del yo debo es Dios mismo, el Bien en cuanto Bien. Es el Bien Existente. El hombre tiene dignidad porque está hecho para conocer y amar el Bien en sí mismo (no el bien para algo, no para amar los medios como un fin). Su Existencia hace digna mi existencia. La Majestad de Dios es tal que justifica toda existencia.
Detrás de cada acto hay un alguien, una persona. Nuestros actos no son meros hechos biológicos sino actos personales. Ser persona quiere decir que mi existencia tiene un contenido, que soy libre. Nuestra existencia se nos da como libertad. El contenido de esa existencia es la dignidad. A los animales la vida se les da hecha, el contenido de su vida ya está dado.
Nuestros actos deben tener en cuenta nuestra condición de seres espirituales, de seres ligados al Bien y la Verdad. No podemos actuar sino de acuerdo con esa condición, hemos de actuar siempre a la altura de esa dignidad. Todos nuestros actos han de llevar el sello de actos morales, de actos que tienen en cuenta en Bien y la Verdad que son el contenido de nuestra existencia.
Por su parte, la sexualidad tiene un contenido moral, realiza un bien moral, expresa la comunión esponsal de los cónyuges. Fuera de esa realidad el sexo carece de bien moral, el sujeto cae en el vacío de una existencia meramente biológica que constituye para el ser humano el mal. Mal es abandonar el orden moral, desposeer a la propia existencia de contenido moral y degradarla a la condición de animal. En este desorden fruto del amor propio consiste el mal.

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