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martes, agosto 07, 2007

Libertad de conciencia

Transcribo parte de una "carta al director" que envié en 1998 a Faro de Vigo. Al releerla me ha sorprendido que lo que entonces me parecía impensable que sucediera se ha hecho tristemente realidad con la Educación para la Ciudadanía: El quicio de la argumentación contra la enseñanza de la religión en los cetnros de enseñanza es que la existencia de Dios es una superstición, o lo que es lo mismo, que la existencia de Dios no es un conocimiento racional. Es decir, nos encontramos con el recurrente agnosticismo. Y digo recurrente porque cuando alguien no quiere hacerse cargo de la realidad recurre al agnosticismo. El agnosticismo dice que no puede ser conocida racionalmente la existencia de Dios. Para hacer esta afirmación el agnosticismo realiza arbitrariamente una reducción de la razón natural del hombre a la razón científico-técnica, es decir, decide, porque le da la gana, que sólo es ciencia lo que versa sobre lo cuantificable. Pero esta reducción no es racional sino ideológica, es decir, esta reducción no la descubre la inteligencia sino que es movida por el interés pasional del sujeto, es ideología. No es una reducción racional sino interesada. Es como si alguien se pusiese un canuto en los ojos y dijese: Sólo es real lo que aparece a través del canuto. Si se le preguntase: ¿por qué sólo es real lo que aparece a través del canuto (que sólo es real lo que aparece a través del canuto no lo dice el canuto)? Respondería, porque lo he decidido yo. Ideología es aquel pensamiento que no se infiere de la realidad, es decir, que no lo ve la inteligencia contemplando la realidad sino que la voluntad del sujeto impone a la inteligencia. El ideólogo no mira a la realidad sino que obliga a la realidad a someterse a lo que él decida. El agnosticismo no es racional sino ideológico. El agnóstico no contempla la realidad para descubrir la verdad sino que violenta la realidad para que se someta a sus decisiones. Propiamente el agnosticismo no es conocimiento racional sino decisión vital, es decir, no es a partir de la realidad por lo que uno se hace agnóstico sino que es una decisión previa acerca de uno mismo.
Ahora bien, todo el mundo es muy libre de pensar lo que le venga en gana, quienquiera puede declararse a sí mismo agnóstico (ideología que, por otra parte, no sería difícil demostrar que es contradictoria en sí misma) pero lo que uno piensa no puede imponerlo por la fuerza a nadie. La verdad, la realidad se impone por sí misma, la ideología se impone por la violencia. Y eso es lo que tratan de hacer los agnósticos. Deciden arbitrariamente que todos por la fuerza han de pensar como ellos, todos han de ser agnósticos y si uno quiere pensar con libertad, no ideológicamente lo incriminan de supersticioso, de no científico, de irracional. La intelectualidad bien pensante lo excluye de la civilización, es segregado a la barbarie. La dictadura de la ideología no permite la libertad de pensamiento, la libertad de conocimiento, para la ideología sólo existe la alternativa de someterse al pensamiento ideológico o quedar condenado al ostracismo. Ellos deciden que es lo racional, ellos deciden las asignaturas, ellos deciden que se puede pensar y que no se puede pensar. Ellos deciden que está bien y que está mal y además lo deciden por los demás. Es el pensamiento oficial, y pronto tendremos la libertad oficial, es decir, pensaremos lo que la ideología dice que está bien pensado y gozaremos de la libertad que la ideología diga que es la libertad, en fin todos seremos unos felices autómatas de la ideología bajo el providente cayado de la intelectualidad bien pensante.
Si usted decide que la existencia de Dios no es conocida racionalmente, pues muy bien, pero permita a los demás pensar con libertad, no me imponga por la fuerza su prejuicios, no sea demagogo que es la violencia en su forma dialéctica. Insisto en que la verdad se impone por sí misma, si usted censura el conocimiento, la libertad de pensar, no nos hace más sabios o más libres, nos hace más inhumanos. ¿Quién lo ha constituido a usted en responsable último del saber? ¿Quién es usted para decidir que asignaturas se pueden impatir y cuales no? Por favor, no pretenda pensar por los demás.
A la vuelta de nueve años la pesadilla se ha hecho realidad con la Educación para la Ciudadanía.