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lunes, abril 23, 2007

Más consideraciones

El fundamento de la vida espiritual es la filiación divina no la sinceridad o la humildad, porque desde la sinceridad-humildad el hombre solo no puede arrostrar la realidad, solo desde la filiación divina podemos ser sinceros y humildes.
Dios es necesario pra esta vida para ser feliz ahora, no para la otra vida. Porque no hay más que una vida, la Vida. La vida actual sin Dios sencillamente no es vida.
No es que haya un relativismo moral sino un hedonismo moral, es decir, la ley es el placer, bueno es el placer. Hasta aquí no habría problemas, la cuestión es que a esto añaden que es de justicia que todo hombre alcance su placer. Pero, entonces, se plantea la pregunta: ¿qué nos hace suponer que existe un derecho a la felicidad? ¿O hay placer o hay justicia? Ambos a la vez no pueden ser ley moral.
Prueba de que amamos la voluntad de Dios es que amamos las contrariedades. La realidad que nos ha tocado vivir, sea como sea, es el lugar donde encontramos el amor de Dios hacia cada uno de nosotros. La realidad es una llamada del amor de Dios.
Signo de la madurez es ver la realidad tal como ella es no como nos gustaría. La madurez está en hacer justicia a la realidad, en no violentarla.
Cada cosa es en la medida en que es una llamada de Dios, de su Amor. Lo importante es encontrar en cada una de las realidades al Dios que nos llama. El Dios real lo encontramos en esa llamada que hace a cada cosa real.
Si a Dios no lo tratamos con reverencia (urbanidad de la piedad), si no lo tratamos como el Señor soberano que es, nunca nos relacionaremos con El como un ser real, por tanto, no será real en nuestras vidas. Del mismo modo que si tratamos a las personas como objetos no serán seres reales en un mundo real sino estímulos de nuestro hábitat.

martes, abril 17, 2007

Algunas consideraciones

Lo que no hayamos hecho quedará para siempre sin hacer. Haz lo que tengas que hacer.
El Señor nos quiere para algo y nos quiere como somos.
Lo que se ha perdido por el camino es el principio de autoridad: Dios es el Creador y el hombre creatura. Dios es el Autor de todas las cosas, la fuente de toda vida. Porque es el Autor de todo es la Autoridad.
Dios solo busca que nos volvamos hacia El.
Nada es real hasta que se lo contamos a Dios.
La Redención se sigue realizando el Cuerpo de Cristo participa en la Obra de la Cabeza. El Cuerpo de Cristo ha de participar en la Redención obrada por la Cabeza. Los miembros tienen que reproducir la vida de la Cabeza.
Convertirse es volver a la realidad de la que nos aparta la vanidad del pecado. Real es hacer lo que se debe y estar en lo que se hace. Solo lo que Dios quiere es real. Hay que preguntarse en cada momento qué quiere Dios para que nuestra vida sea real.
Hay que luchar con seriedad. En el último día se nos pedirán cuentas de la batalla en la que estamos inmersos y se nos preguntará si hemos luchado con la seriedad que merecía tal batalla. No cabe no mirar el dolor y fingir que no pasa nada.
Todo lo que no sea encuentro con Jesucristo se resuelve en ideología.
Dios no es una idea sino tres personas. La Verdad se encuentra (es una Persona, no una idea), la ideología se construye. La Verdad exige entrega.

martes, abril 03, 2007

Mas cosas

Es una falacia pensar que somos seres inocentes, irresponsables. Nuestra libertas nos hace responsables ante Dios. Cerrar los ojos no nos exime de responsabilidad. Cerrar los ojos, vivir de la apariencia, no invalida la realidad, la libertad. Para que haya realidad, vida es necesaria la verdad moral, de lo contrario todo se vuelve apariencia, ficción, sentimiento, irrealidad.
No tener experiencia de culpa es un mal. Quien no tiene dolor de los pecados está profundamente enfermo en cuanto persona.
El hombre actual ha perdido su lugar en el mundo pues ignora su condición de criatura. Desconoce la realidad fundante: Creación y Redención. Estas verdades son las que definen nuestro lugar en la existencia.
Lo específico del cristianismo no es la otra vida sino cómo es esa vida y por dónde se va a esa vida.
El donatismo era volver a la religión natural, inmanente, legal. San Agustín habla del "opus divinum", los sacramentos son obra de Dios. El ministro se encuentra con una realidad trascendente, no una obra suya sino una obra divina.
Aunque sea un bien arduo, que cuesta esfuerzo la perfección es mejor que vivir como animales. Sin embargo, tantos prefieren vivir sin aspirar a nada con tal de no sufrir, de no luchar.
Se es cristiano no para uno mismo sino para los demás.
Esperanza, cuando falla la esperanza nos volvemos mezquinos. Hay que esperar en Dios, Dios nos hará santos, no podemos rebajar la meta no podemos ceder al amor propio. Puedo ser un miserable pero si acojo el don de Dios llegaré a ser santo. Es la soberbia, la tristeza quien rebaja la meta.
A los que dicen "yo me confieso con Dios" hay que recordarles que es Jesucristo en su naturaleza humana quien ha pagado el precio de nuestros pecados.
El Señor es nuestra recompensa, no debemos buscar ninguna gloria "nuestra". Existimos para servir al Señor, nuestra alegría es poder servirlo. El premio no es un derecho, es un regalo. Se ha de trabajar pensando que ese trabajo es ya una alegría, el haber sido llamados es ya la alegría. Dios no hace agravios a nadie siendo bueno porque nadie tiene derechos delante de Él. Que el Señor nos llame es una gracia. Todos somos rescatados gratuitamente no debido a nuestros méritos. A veces nos duele que el Señor sea bueno con los malos porque nosotros no consideramos que también somos malos que también hemos sido rescatados gratuitamente.
La falta de pudor: no causan admiración solo pena. Han renunciado al esplendor, a la belleza de la dignidad de la persona. No se han liberado, han afeado su belleza personal.
Dios no se empobrece al darnos, pensar que sí es lo que estropea nuestra relación con Él.
Sin fe no hay moral. Sin la vida arraigada en la realidad no es posible la moral.
Quien dice el cristianismo es una religión como otras es que no cree, no ha salido del recinto del yo. Quien eso afirma no ama la verdad, no ha puesto en juego la verdad sigue encerrado en el yo.