Más consideraciones
El fundamento de la vida espiritual es la filiación divina no la sinceridad o la humildad, porque desde la sinceridad-humildad el hombre solo no puede arrostrar la realidad, solo desde la filiación divina podemos ser sinceros y humildes.
Dios es necesario pra esta vida para ser feliz ahora, no para la otra vida. Porque no hay más que una vida, la Vida. La vida actual sin Dios sencillamente no es vida.
No es que haya un relativismo moral sino un hedonismo moral, es decir, la ley es el placer, bueno es el placer. Hasta aquí no habría problemas, la cuestión es que a esto añaden que es de justicia que todo hombre alcance su placer. Pero, entonces, se plantea la pregunta: ¿qué nos hace suponer que existe un derecho a la felicidad? ¿O hay placer o hay justicia? Ambos a la vez no pueden ser ley moral.
Prueba de que amamos la voluntad de Dios es que amamos las contrariedades. La realidad que nos ha tocado vivir, sea como sea, es el lugar donde encontramos el amor de Dios hacia cada uno de nosotros. La realidad es una llamada del amor de Dios.
Signo de la madurez es ver la realidad tal como ella es no como nos gustaría. La madurez está en hacer justicia a la realidad, en no violentarla.
Cada cosa es en la medida en que es una llamada de Dios, de su Amor. Lo importante es encontrar en cada una de las realidades al Dios que nos llama. El Dios real lo encontramos en esa llamada que hace a cada cosa real.
Si a Dios no lo tratamos con reverencia (urbanidad de la piedad), si no lo tratamos como el Señor soberano que es, nunca nos relacionaremos con El como un ser real, por tanto, no será real en nuestras vidas. Del mismo modo que si tratamos a las personas como objetos no serán seres reales en un mundo real sino estímulos de nuestro hábitat.
