Izquierda y cristianismo
Lo que de ordinario conocemos como ideología de izquierdas y el cristianismo son radicalmente incompatibles. La ideología de izquierdas nace precisamente como una alternativa total y excluyente del cristianismo. En su origen se encuentra Hegel. La doctrina de éste y de lo que posteriormente se llamaría la izquierda hegeliana se presenta como una historia de la salvación secularizada. La ideología de izquierdas nace como un proyecto de salvación contra el designio de salvación de Dios. El hombre se considera llegado a una supuesta "mayoría de edad" en la que ya no precisaría la "tutela" de Dios. El hombre sería capaz de darse a sí mismo la salvación, una salvación entendida como autoafirmación de sí mismo. Es decir, el hombre diría: "Ya no necesitamos de Dios, es más nos hemos liberado de su tiranía, no serviremos más". El hombre ya no quiere saber nada de la vida eterna se encuentra cómodo con esta vida, se encuentra capaz de satisfacer todas sus necesidades, por tanto, Dios y su designio salvífico no son más que una incomodidad superflua. La salvación pasa a consistir en un proyecto mundano: llevar al hombre al máximo de sí mismo como ser meramente mundano, construir un paraíso sin Dios. De lo que se trata es de construir la ciudad del hombre frente a la ciudad de Dios. Dios quería construir la ciudad de Dios pero el hombre dice: "No, nosotros construiremos nuestra propia ciudad". La palabra talismán de esta ideología es la palabra progreso, del progreso se espera alcanzar ese estado de perfecta satisfacción de los deseos humanos en el que el hombre encuentre su plenitud material. Por esta razón, mal es todo aquello que se opone al progreso, al cumplimiento de la plenitud material del hombre, es más, ese es todo y el único mal. El razonamiento es muy sencillo, no hay más vida que ésta, esta es la vida que hemos de salvar, el hombre se salva a sí mismo, la salvación consiste en el progreso. Por ello solo se considera malo aquello que perjudica el bienestar material. Por ejemplo, el fumador paras a ser no solo una persona inmoral sino además un ser antisocial porque no solo pone en peligro su vida física sino que atenta contra la única regla social: evita el mal físico.
De lo dicho hasta ahora se siguen tres consecuencias. La primera, la ideología de izquierdas no puede admitir la posibilidad real de la existencia de Dios, es decir, se puede admitir la religión como una superstición, como una atavismo o como algo folklorico pero no se puede admitir el reconocimiento público de Dios como un ser real. Admitir semejante posibilidad dejaría sin sentido la ideología de izquierdas y la sancionaría como una entelequia. Reconocer la existencia de Dios significaría admitir que la plenitud viene de Dios, no del progreso, la salvación viene de Dios no del hombre. De ahí que necesariamente al ideología de izquierda tienda a relegar a la religión a un segundo plano, tiende a ocultar su presencia.
La segunda, los criterios de bondad y maldad moral que caracterizan el obrar humano no son transferibles a la ideología de izquierdas. Esta es no moral, en el sentido de que todos los actos y juicios de los hombres son valorados no respecto a un criterio moral sino a un criterio práctico de realización del bienestar material de los seres humanos. De ahí que no pueden comprender los juicios morales con que solemos juzgar sus decisiones y, por el contrario, nos juzgan a nosotros de inmorales al no compartir la ley de oro de su praxis, el bienestar es el fin del hombre, todo lo que contribuye a ese bienesta es bueno, todo lo que se le opone es malo. Por ejemplo, el aborto es un acto de máxima inmoralidad pero para la ideología de izquierdas es algo incluso bueno: si todo lo que existe es materia y el hombre no tiene más horizonte que los bienes materiales que pueda adquirir en su existencia, lo moral es procurar el máximo de bienes físicos al mayor número de personas que puedan aprovecharse de ellos; los embriones, los ancianos, etc. lo mejor que se puede hacer con ellos es que no estropeen la vida a los sanos y evitarles a ellos todo sufrimiento físico. Del mismo modo toda ley moral en el sentido real de esta expresión es una frustración de las posibilidades de realización material de los hombres por ello hay que suprimir toda moral en ese sentido real, la moral así entendida es el mal radical en cuanto aleja al hombre de su fin. No hay más moral que buscar hacer felices a la mayoría de los hombres en condicones de disfrutar del máximo de bienes materiales. Lo mismo se puede decir del divorcio, las uniones libres, etc. pues el bienestar físico incluye el bienestar emocional, psícico, afectivo.
Hay que hacer notar, sin embargo, una cuestión. Cuando anuncian su paraíso en la tierra callan algo demasiado importante, que no hay nada más, que no se puede esperar nada más, no hay esperanza. Damos todo lo que hay pero eso es todo, ese es el final después viene la nada. Esa es la cara oculta que no se hace explícita porque de ser admitida conscientemente convertiría la existencia en un infierno, es decir, en una desesperación. Admitir semejante hipótesis impide amar en sentido propio. Solo puede ser adimitida en un exceso de presunción o en un exceso de ligereza. La ideología de izquierdas propone un paraíso sobre la tierra pero a cambio en la letra pequeña del contrato aceptas que tienes que quedarte con la nada.
La tercera, desaparece la libertad personal. El hombre no existe como ser personal sino como como colectivo, existe la humanidad. Todo ser humano ha de integrarse en ese proyecto unitario de salvación, de progreso para la humanidad. Cualquier hombre que se separe de ese proyecto es un traidor a la humanidad y como tal merece ser perseguido y eliminado. Todos deben someterse voluntariamente o a la fuerza al único proyecto. La ideología de izquierda es por definición un proyecto totalitario (también cuando se enquista en un sistema político democrático hasta erosionarlo ideológicamente) y no puede admitir la creatividad personal pues eso significaría la disolución de la misma ideología como respuesta acerca de la realidad como un todo. Ahora bien, una vez que se acepta la máxima: no hay más realidad que la materia, entonces se puede hacer todo lo que se quiera. Lo que está prohibido es afirmar: la materia no es toda la realidad. Por supuesto, no hay responsabilidad personal, la única responsabilidad pertenece al todo, el individuo es permanentemente un menor de edad que el todo tutela. Desde el momento que se acepta el axioma, la materia es la explicación de toda la realidad, uno puede hacer todo lo que le da la gana, a eso es a lo que la izquierda llama libertad.
Se entiende que la cuestión clave es la existencia de Dios. La injusticia radical rside en que el hombre no reconoce la existencia de Dios como recuerda san Pablo en la carta a los Romanos. El primer deber del hombre es buscar a Dios. Dios ayuda con su gracia a la inteligencia humana para que reconozca su velada presencia en todo lo que existe. El mar original y principio de todo mal es no querer dar gloria a Dios. A la postre todoa la ideología de izquierda mira a esto, a no dar gloria a Dios, a no reconocer su Majestad.

1 Comments:
Excelente artículo. Muchas gracias
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