De feminismo e intolerancia
Veía en la televisión recientemente un debate entre feministas "abolicionistas" de la prostitución y defensores de la legalización de la prostitución. Los últimos barrieron dialécticamente hablando a las primeras. Las feministas centran toda su argumentación en que la prostitución es una explotación de la mujer pero se quedan sin argumentos cuando los partidarios de la legalización manifiestan que hay colectivos de mujeres que voluntariamente se prostituyen. Ante la libertad de la prostituta no tienen nada que decir por su propia doctrina ideológica de la sexualidad. Para el feminismo la sexualidad no tiene ningún contenido moral, es decir, personal en sentido fuerte. El feminismo no entiende la condición personal del cuerpo, su condición moral, por tanto, el cuerpo no es más que un objeto, basta recordar los falaces lemas de las campañas proaborto. El dualismo antropológico, espíritu-materia, manifiesta en este caso su perversa consecuencia, la prostituta puede afirmar desde este presupuesto antropológico, yo soy libre para emplear mi cuerpo como me venga en gana, y la feminista habrá de aceptar la coherencia de esa decisión o recurrir como siempre a la sensibilidad.
También se ha vuelto a reproducir estos días la falsa equiparación de certeza igual intolerancia igual violencia. Cuando lo verdadero es lo contrario, la verdad es apertura a la totalidad, la duda, el relativismo es fruto del interés, de encerrarse en el propio egoísmo, es potencialmente violenta cuando la realidad no se acomoda a su interés. El que duda lo hace para no tener que rendir su yo a la verdad.

1 Comments:
Completamente de acuerdo. Ya era hora de hablar claro. Sólo la antropología cristiana puede defender la dignidad de la mujer
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