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sábado, febrero 17, 2007

Indiferentismo

Para el indiferente Dios no es real porque no entra en su vida. Dios no es real en nada de lo que los rodea, no lo ven, no lo tocan. En ningún momento ha aparecido la realidad de Dios en sus vidas. Y no lo ven porque buscan un Dios a su imagen, un Dios despótico. Pero el Dios real es humilde. El está con ellos en todos los momentos pero no para hacerlos poderosos sino para que amen la realidad. Tienen que amar la realidad que es buena, tienen que ver la realidad como un don de la bondad de Dios y amarla. Dios ama la realidad. La realidad no es un instrumento del yo, no es un objeto manipulable. Pero ellos buscan el poder. No creen en Dios porque no creen en la realidad, no creen que la realidad es un bien, es buena. Para ellos la realidad es poder y no comprenden que la realidad es perder la vida por eso no pueden ver a Dios. En la raíz de la incredulidad se haya un Dios humilde que ama la realidad y una libertad despótica que no la ama sino que la consume. Han de aprender a ser humildes ante la realidad, a respetarla. A no ser tiranos sino siervos agradecidos ante el don de la realidad. Han de aprender a colocar la realidad antes que el yo. La realidad es un don y un don bueno.
Cuando el yo no respeta la realidad ya no puede encontrarse con el Dios real, aquel que ama la realidad y, porque la ama, la hace ser. Si no hay admiración y gratitud ante la realidad no se puede encontrar al Dios real que ama la realidad. Entendemos que Dios es real y todopoderoso cuando entendemos que la realidad es real, es decir, cuando la realidad es esplendor y gloria. Cuando la realidad solo es ficción, es decir, cuando la realidad no es más que el término de un deseo, Dios no es real porque no hay realidad. Se descubre el Dios real cuando uno advierte que Dios toma en serio la realidad, es decir, que Dios es humilde. Dios solo puede ser real si la realidad lo es.
Para el indiferente Dios solo puede existir como sentido, es decir, como irreal, como término de una proyección del hombre. Pero al no ser real no puede ser juez. Dios puede ser un sentido para mi vida pero no puede juzgar mi vida porque la vida no es real sino la proyección del yo. Para el indiferente no existe ni conciencia ni responsabilidad pues la vida solo es el despliegue del yo.