Si tu novio realmente te ama no se acostará contigo.
Nadie sabe lo que hay realmente en su corazón hasta que Dios no lo pone a prueba.
La tibieza del alma la engendrán actitudes como estas: Un pecado más o menos. Prefiero no saber si es pecado.
Solemos confundir la fe con una vida de color rosa.
El sueño del corazón produce la vanidad, la irrealidad.
No se trata de parecer buenos sino que hay que amar el bien. Sin rectitud de intención, sin buscar el Reino y su justicia no hay filiación divina.
Todo cisma reduce el principio de catolicidad de algo universal a algo particular. Lo particular no puede ser principio de catolicidad solo lo divino puede serlo. El cisma siempre abandona lo divino por el ídolo, por lo humano. El cisma es una caída de la fe en la divinidad de Dios. Se rebaja a Dios. Es una caída de la fe existencial, en cuanto virtud personal. Es caer en la superstición. Se abandona la trascendencia de Dios para caer en la mitificación. Se cae de la fe al mito. Por eso el cisma es ya herejía pero existencial.
La castidad es posible. Pero hay que luchar. Si no se ama el fin, Jesucristo, no se aman, no se entienden los medios, la moral católica. Si no se ama a Dios, si no se conoce su belleza, no se puede amar el fin.
La hipertrofia de la afectividad destruye la voluntad, la deja sin fortaleza.
También la medicina es providencia de Dios para los hombres. La inteligencia de los médicos es providencia de Dios. Han de sentirse instrumentos, partícipes del poder y la bondad de Dios en favor de los hombres.
Se ha perdido la responsabilidad al no creer en la trascendencia. No creen en Alguien personal ante quienes son responsables. Ignoran al juez que no es del mundo sino trascendente, que no pertenece al devenir de la existencia ( si solo hay mundo no hay juicio). Creen en la divinidad (que forma parte del mundo) pero no en el Dios vivo (Alguien personal que trasciende el mundo).
La piedra de tropiezo del cristiano occidental rico es el afán de seguridad. No vivimos de la Providencia. No entendemos que hay más alegría en la pobreza que en la riqueza. El día que amemos más la pobreza que la riqueza seremos felices. No llamar mío a nada. En el afán de posesión se nos va la vida. Si llegásemos a a no tener nada como propio, a gozar más dando que recibiendo habríamos alcanzado la alegría.
Querer a los demás no es afectividad sino acercarles a Jesucristo.
La realidad de Dios y las causas segundas: ¿Para que Dios sea real tiene que actuar de modo directo? Dios busca la obediencia humilde del corazón humano que solo es sincera en la obediencia en lo ordinario y no en el fasto del espectáculo. El hombre que busca el espectáculo de Dios no obedece a Dios ( no oirían ni aunque resucitase un muerto). Dios es más real en lo ordinario. Un Dios espectacular no sería real sería vano, ilusorio, no tendría credibilidad.