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jueves, febrero 22, 2007

Reflexiones

Que Dios nos perdone no significa que no tengamos responsabilidad del mal hecho; quiere decir que nos perdona, no que no hayamos hecho el mal, no que el mal no sea mal.
El hombre actual parte de un presupuesto equivocado, piensa que se encuentra en una situación de paridad con Dios cuando lo verdadero es que respecto a Dios tiene una deuda infinita, que el hombre no es ni mucho menos autosuficiente.
En este eón la libertad humana es aparentemente más poderosa que la voluntad de Dios como parece acontecer en la Cruz.
El ser humano es vocación.
Si no se está dispuesto a que Cristo ilumine nuestra conciencia entonces no hay buena voluntad.
Que Dios es existe es un saber común a casi todo el mundo, lo que nos distingue es el "como" es Dios.
Porque nuestra libertad es real no basta con buenas intenciones son necesarias las virtudes.
Los que se dicen incrédulos utilizan un doble rasero a la hora de argumentar, si el argumento no les conviene dicen, en eso no creo. Si les conviene argumentan como si Dios existiera, es decir, se apoyan en argumentos que presuponen el absoluto.
La confesión sacramental es el primer síntoma de madurez espiritual.

sábado, febrero 17, 2007

Indiferentismo

Para el indiferente Dios no es real porque no entra en su vida. Dios no es real en nada de lo que los rodea, no lo ven, no lo tocan. En ningún momento ha aparecido la realidad de Dios en sus vidas. Y no lo ven porque buscan un Dios a su imagen, un Dios despótico. Pero el Dios real es humilde. El está con ellos en todos los momentos pero no para hacerlos poderosos sino para que amen la realidad. Tienen que amar la realidad que es buena, tienen que ver la realidad como un don de la bondad de Dios y amarla. Dios ama la realidad. La realidad no es un instrumento del yo, no es un objeto manipulable. Pero ellos buscan el poder. No creen en Dios porque no creen en la realidad, no creen que la realidad es un bien, es buena. Para ellos la realidad es poder y no comprenden que la realidad es perder la vida por eso no pueden ver a Dios. En la raíz de la incredulidad se haya un Dios humilde que ama la realidad y una libertad despótica que no la ama sino que la consume. Han de aprender a ser humildes ante la realidad, a respetarla. A no ser tiranos sino siervos agradecidos ante el don de la realidad. Han de aprender a colocar la realidad antes que el yo. La realidad es un don y un don bueno.
Cuando el yo no respeta la realidad ya no puede encontrarse con el Dios real, aquel que ama la realidad y, porque la ama, la hace ser. Si no hay admiración y gratitud ante la realidad no se puede encontrar al Dios real que ama la realidad. Entendemos que Dios es real y todopoderoso cuando entendemos que la realidad es real, es decir, cuando la realidad es esplendor y gloria. Cuando la realidad solo es ficción, es decir, cuando la realidad no es más que el término de un deseo, Dios no es real porque no hay realidad. Se descubre el Dios real cuando uno advierte que Dios toma en serio la realidad, es decir, que Dios es humilde. Dios solo puede ser real si la realidad lo es.
Para el indiferente Dios solo puede existir como sentido, es decir, como irreal, como término de una proyección del hombre. Pero al no ser real no puede ser juez. Dios puede ser un sentido para mi vida pero no puede juzgar mi vida porque la vida no es real sino la proyección del yo. Para el indiferente no existe ni conciencia ni responsabilidad pues la vida solo es el despliegue del yo.

martes, febrero 13, 2007

Reflexiones

Si tu novio realmente te ama no se acostará contigo.
Nadie sabe lo que hay realmente en su corazón hasta que Dios no lo pone a prueba.
La tibieza del alma la engendrán actitudes como estas: Un pecado más o menos. Prefiero no saber si es pecado.
Solemos confundir la fe con una vida de color rosa.
El sueño del corazón produce la vanidad, la irrealidad.
No se trata de parecer buenos sino que hay que amar el bien. Sin rectitud de intención, sin buscar el Reino y su justicia no hay filiación divina.
Todo cisma reduce el principio de catolicidad de algo universal a algo particular. Lo particular no puede ser principio de catolicidad solo lo divino puede serlo. El cisma siempre abandona lo divino por el ídolo, por lo humano. El cisma es una caída de la fe en la divinidad de Dios. Se rebaja a Dios. Es una caída de la fe existencial, en cuanto virtud personal. Es caer en la superstición. Se abandona la trascendencia de Dios para caer en la mitificación. Se cae de la fe al mito. Por eso el cisma es ya herejía pero existencial.
La castidad es posible. Pero hay que luchar. Si no se ama el fin, Jesucristo, no se aman, no se entienden los medios, la moral católica. Si no se ama a Dios, si no se conoce su belleza, no se puede amar el fin.
La hipertrofia de la afectividad destruye la voluntad, la deja sin fortaleza.
También la medicina es providencia de Dios para los hombres. La inteligencia de los médicos es providencia de Dios. Han de sentirse instrumentos, partícipes del poder y la bondad de Dios en favor de los hombres.
Se ha perdido la responsabilidad al no creer en la trascendencia. No creen en Alguien personal ante quienes son responsables. Ignoran al juez que no es del mundo sino trascendente, que no pertenece al devenir de la existencia ( si solo hay mundo no hay juicio). Creen en la divinidad (que forma parte del mundo) pero no en el Dios vivo (Alguien personal que trasciende el mundo).
La piedra de tropiezo del cristiano occidental rico es el afán de seguridad. No vivimos de la Providencia. No entendemos que hay más alegría en la pobreza que en la riqueza. El día que amemos más la pobreza que la riqueza seremos felices. No llamar mío a nada. En el afán de posesión se nos va la vida. Si llegásemos a a no tener nada como propio, a gozar más dando que recibiendo habríamos alcanzado la alegría.
Querer a los demás no es afectividad sino acercarles a Jesucristo.
La realidad de Dios y las causas segundas: ¿Para que Dios sea real tiene que actuar de modo directo? Dios busca la obediencia humilde del corazón humano que solo es sincera en la obediencia en lo ordinario y no en el fasto del espectáculo. El hombre que busca el espectáculo de Dios no obedece a Dios ( no oirían ni aunque resucitase un muerto). Dios es más real en lo ordinario. Un Dios espectacular no sería real sería vano, ilusorio, no tendría credibilidad.