Santidad
El santo ve delante no al pecador sino al santo que puede llegar a ser, eso es vivir la esperanza.
Dios reparte su gracia de modo desigual a cada hombre. Hay unas gracias que Dios ha querido que unos hombres alcancen por la oración de los otros, por ello nunca podemos dejar de orar por aquellos que Dios ha puesto en nuestras manos.
Obedecer contra toda esperanza, también cuando no parece lógico, confianza absoluta en El.
La sinceridad de vida, es decir, la disponibilidad para todo, es la condición para que haya sinceridad con Dios y con los demás. Solo una vida sincera, una entrega total al cumplimiento de la voluntad de Dios, desemboca en una oración fecunda.
El espíritu de examen es la manifestación del espíritu de juventud: entrega, disponibilidad, sinceridad. La sinceridad nace de un corazón desprendido del yo.
Dirección espiritual: exigencia es poner a las almas delante de la voluntad de Dios concreta para ellas, ante sus deberes.
La visión sobrenatural es la que nos hace audaces pues hace que superemos la visión humana pesimista que nos atenaza.
La primera condición para el apostolado es la verdad, la sencillez y la sinceridad.
La alegría de contemplar que todo está bien predispone a reconocer la verdad.
La razón de ser de nuestra existencia es que hay un número determinado de almas por las que hemos de entregar nuestra vida para que sean santos, que han de ser santos por nuestra entrega.

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