Moral y evangelización
La dificultad para la evangelización del occidente opulento reside en que la existencia del hombre rico carece de contenido moral. El contenido de la vida del hombre rico consiste en la satisfacción de los deseos materiales. El cumplimiento de la propia vida se realiza materialmente por eso la moral no tiene sentido. La plenitud de la vida ya no pasa por su cumplimiento moral. La moral ha dejado de ser para él el contenido de la existencia. Por ejemplo, en el caso de la sexualidad. No tiene sentido hablar del contenido moral de la sexualidad porque la sexualidad se ha convertido en la fuente del contenido vital de la existencia. La sexualidad dota de contenido la existencia. Para el hombre rico occidental "moral" ha pasado a significar un cálculo de valores materiales, es decir, ha dejado de existir lo moral, el bien físico constituye el fin de la existencia. La moralidad ya no es el cumplimiento de la vida
En este contexto se entiende que todo conflicto de valores materiales se resuelva siempre con medios técnicos, por ejemplo, el preservativo. Al ser humano se le considera un mero animal, por tanto, no se cuenta con sus recursos morales, en primer lugar porque se desconfía de las posibilidades morales del hombre y en segundo lugar porque la moralidad ha quedado excluida del universo de bienes físicos. El hombre rico ha quedado encerrado en el universo ficticio de los bienes materiales. Esta fe existencial en la materia llega a colonizar el entendimiento del hombre rico hasta cegarlo para toda realidad no material.
Las normas morales se han vuelto ininteligibles para el hombre rico, el valor moral de la existencia ha pasado a ser para el hombre rico un absurdo y una amenaza. El que proclama la moral aparece ante sus ojos como un fanático que en nombre de algo irreal se enfrenta al bien real del hombre.

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