Educación y agnosticismo
El quicio de la argumentación contra la enseñanza de la religión en los centros de ducación es la afirmación de que la religión es una superstición, no un conocimiento racional. Es decir, el fundamento de la negativa es el agnóstico. Pero el agnosticismo es un prejuicio ideológico. El agnosticismo reduce arbitrariamente la razón a su uso en las ciencias experimentales, de tal modo que sólo sería racional el conocimiento que versase sobre lo empíricamente cuantificable. Tal reducción no es racional sino ideológica, es decir, no la descubre la inteligencia sino que es imperada por la voluntad del sujeto. Es como si alguien se pusiese un canuto en los ojos y dijese: Sólo es real lo que aparece a través del canuto. Si se le pregutase: ¿por qué sólo es real lo que aparece a través del canuto (que sólo es real lo que aparece a través del canuto no lo dice el canuto)? La respuesta sería: porque lo he decidido yo. Ideología es aquel pensamiento que no se infiere de la realidad, es decir, que no lo ve la inteligencia contemplando la realidad sino que la voluntad del sujeto impone a la inteligencia. El ideólogo no mira la realidad sino que obliga a la realidad a configurarse a su mirada. Propiamente el agnosticismo no es conocimiento racional sino una decisión vital, no es a partir de la contemplación de la realidad por lo que uno se hace agnóstico sino que es una decisión previa vital acerca del sujeto que contempla, acerca de uno mismo.
Ahora bien, la ideología agnóstica porque se funda en el yo es siempre totalitaria. Si el agnóstico admitiese otra racionalidad, es decir, si fuese realmente buscador de conocimiento y no afirmador del yo, entonces toda su ideología se resquebrajaría porque se funda precisamente en la afirmación del yo como principio absoluto. El agnóstico no busca conocer junto con los otros sino que trata de disolver todo lo que no coincida con el yo. Es el yo quien marca el camino de lo que se puede o no conocer, de lo que es o no cognoscible. Para el agnóstico no puede haber más racionalidad que el imperio del yo. Respecto del yo no hay neutralidad, o se está con él o contra él.

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