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martes, noviembre 21, 2006

Yo no hago daño a nadie

Cuando alguien dice eso se entiende que quiere decir daño material. Pero el daño material no es el único ni siquiera el más grave que podemos causar a los demás. Precisamente el dejar de actuar como seres morales, es decir, con responsabilidad moral es el peor de los daños que podemos infligir a los demás. Renunciar a lo que es específico de la condición humana supone una agresión para los restantes seres humanos, es una traición a la misma condición humana. El gran objetivo de la cultura contemporánea es que los hombres se despojen de su responsabilidad moral, acceder a algo así como una irresponsabilidad originaria, una supuesta inocencia moral. Pero esta fingida inocencia moral es lo inmoral por antonomasia. Que es una ficción lo pone de manifiesto el hecho de que los mismos que mantienen esta pretensión apelan a criterios morales cuando son ellos las víctimas de la inmoralidad. Las víctimas siempre comprenden la moralidad mejor que los verdugos, el problema es que padecemos una cultura de verdugos. La inocencia moral es la burbuja en la que se encierra nuestro egoísmo para abandonar al lucha por el bien moral de la que todo hombre es responsable junto con los demás hombres y para los demás hombres. Todos somos responsables de todos haciendo todo el bien que está en nuestras manos. Cuando la gente clama: ya está bien de moralismos, lo que quiere decir es ya es hora de egoísmos.