¿Por qué no se casan los curas?
Dios ha regalado a su Iglesia el don del celibato sacerdotal. Este regalo lo ha recibido la Iglesia ylo ha convertido en una institución al entender que era un don de Dios para ella, para la Iglesia. La Iglesia acogiendo ese don de su Esposo ha reconocido en él la voluntad de Jesucristo de que sus sacerdotes sean célibes. Así cuando la Iglesia busca las vocaciones sacerdotales las reconoce entre otras cosas porque los llamados poseen ese don. De tal modo que no es una imposición violenta sino que quien ha recibido ese don puede acoger la llamada de la Iglesia al sacerdocio ministerial. La Iglesia le ayuda a descubrir ese don y lo invita a ponerlo al servicio de la comunidad.
Por tanto, no se trata de una represión sexual. La sexualidad es una creación de Dios que ha querido que el número de sus hijos aumentara por la honesta fecundidad de los esposos. El problema es que la sociedad se ha hipersexualizado y ha convertido la sexualidad en el único dios, además con un poder absoluto. La sociedad no admite límite ni restricción a la sexualidad, ésta se ha convertido en el valor absoluto. La Iglesia coloca al sexo en su lugar, lo baja de su trono.
La sociedad ha trivializado el sexo hasta convertirlo en un medio de placer y, después, puesto que es un placer al alcance de todos, lo ha convertido en un derecho. El sexo se ha convertido en el placer de la sociedad, por tanto, nadie puede ponerlo en su lugar sin por ello atacar los derechos de la sociedad. Además se le ha añadido la etiqueta de amor para edulcorarlo, para que parezca algo noble, pero si el sexo no fuese un placer nadie diría, hacer el amor, es más, muy pocos mantendrían relaciones sexuales. La Iglesia solo dice: domina tu sexualidad, no te dejes dominar por ella, ponla en su lugar. Y además nos da los medios para alcanzar ese dominio, la gracia. La Iglesia dice, el ejercicio honesto de la sexualidad expresa y realiza la donación total de los esposos, fuera de esa relación el sexo es un ejercicio de egoísmo.
La Iglesia vive la única libertad verdadera, la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Jesucristo nos ha liberado para la Verdad, para el Bien, para el Amor. Nos ha dado libertad para que nuestro egoísmo no nos haga esclavos.

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