Iglesia y ciencia
El dominio del hombre sobre la creación forma parte de las tareas que Dios ha encomendado al hombre al establecerlo sobre la creación como su representante. La Iglesia reconoce en los justos progresos de la ciencia experimental una participación del hombre en ese mandato de Dios. Pero una cosa es lo que la ciencia experimental puede hacer y otra cosa lo que debe hacer. No todo lo que se puede hacer es justo hacerlo, el dominio del hombre sobre la creación no es un dominio tiránico. El hombre representa la bondadosa sabiduría de la Providencia divina sobre el mundo no el despótico poder del egoísmo humano. Por eso la ciencia experimental ha de conducirse según la sabiduría divina no según el interés humano. El poder material no es un fin en sí mismo solo un medio. El fin es participar de la bondad y la sabiduría de Dios. La ciencia experimental tiene el mismo límite que toda acción moral, no puede tratar al hombre como un medio, como un instrumento, como un objeto. La ciencia experimental no puede convertir a los embriones en objetos. El ser humano es alguien no algo. Que el embrión es un ser humano es ciencia y toda la sofística que trata de oscurecer este hecho no es ciencia sino ideología.
La ciencia experimental responde a, ¿cómo funciona el hombre? Y en este sentido constituye un progreso en cuanto mejora las condiciones materiales de su existencia. Pero no responde a ¿qué es el hombre?. Su metodología no responde a esta cuestión y cuando pretende responderla da una respuesta ideológica, reduce al hombre a materia. Entonces identifica las condiciones materiales de la existencia humana con el progreso. Que el hombre viva más comodamente no signifiva que el hombre haya progresado sino que han progresado las condiciones materiales de su existencia. El hombre progresa cuando es más y mejor aquello que es y realiza más y mejor aquello para lo que existe. Es decir, cuando llega a ser él mismo por la verdad y el amor. El progreso material no hace al hombre mejor lo hace vivir más cómodo. Reducir el hombre a materia significa despojarlo de su condición moral, entonces será bueno lo que produzca mayor beneficio material. Esto ha hecho que buena parte de la sociedad idenfique bien y mal con bien y mal material. Pero entonces el paradigma de una sociedad progresista sería una granja de pollos donde se dan las mejores condicones materiales y el mínimo de incomodidades. El reverso de despojar al hombre de su condición humana, de reducirlo a materia es la desesperanza, el horizonte del hombre es la muerte inconsciente e indolora.

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