¿Lo importante es ser bueno?
Mucha gente dice: "Lo importante es ser bueno" pretendiendo decir que basta con tener buena intención y que no es necesario un esfuerzo heroico para ser buenos.
No se puede decir que existan personas absolutamente buenas, al menos, entre la inmensa mayoría de los mortales, todos en mayor o menor medida hacemos el mal. Además el límite para considerar buena a una persona es muy lábil. Todos nos justificamos, tendemos a aprobar nuestra conducta sea la que sea. He conocido personas que cometiendo graves aberraciones se consideraban a sí mismas buenas. Es más, los peores crímenes de la humanidad se han cometido y se cometen apelando a la propia conciencia. Sólo somos relativamente buenos y la referencia a la bondad siempre la hacemos jugar a nuestro favor.
Con todo, Dios no espera de nosotros que seamos buenos según nuestra medida humana por perfecta que ésta sea sino buenos según Él es bueno. Y eso es imposible sin su ayuda. Por eso es necesaria la gracia para ser buenos, el auxilio de los sacramentos, en especial, la Penitencia y la Eucaristía por medio de los cuales Dios mismo nos hace buenos según Él es bueno. Lo importante es que permitamos que Dios nos haga buenos.
Otra variante de esto es cuando la gente dice no es necesario ser católico para ser bueno. Ciertamente hay personas en todo el mundo que llegan a vivir una caridad heroica pero esa caridad es ya obra del Espíritu Santo en ellos, de alguna manera forman ya parte de la unidad de la Iglesia. Esto cuando se trata de aquella caridad con la que Dios ama al mundo hasta el extremo de dar su vida por todos los hombres porque la mayoría de las veces se trata de comportamientos que imitan la caridad. Lo que distingue la verdadera caridad del amor aparente es el motivo aunque externamente den lugar a comportamientos similares. La caridad verdadera consiste en obrar por amor a Dios. Las personas amamos todo lo que amamos bien por amor a nosotros mismos bien por amor a Dios. Cuando amamos por amor a Dios nuestra caridad es universal y alcanza a todos los hombres incluidos nuestros enemigos. Cuando amamos por amor a nosotros mismos nuestra amor es selectivo. Tanta gente es caritativa con algunas personas pero maltrata a otras; tanta gente ama a unos seres humanos y odia a otros; se puede llegar a gestos aparentemente heroicos por amor propio o por vanidad, etc. etc. La única fuente de caridad verdadera es el Amor que es la Trinidad que nos capacita para amar a todos los hombres según su bien verdadero.

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