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miércoles, septiembre 13, 2006

¿Iglesia desfasada?

Algunos dicen: Los que van a Misa son los peores. Aparte de ser un juicio temerario, los que van a Misa no son ni mejores ni peores que los demás. Ciertamente hay casos escandalosos de verdadera hipocresía pero ni más ni menos que entre los que no van a Misa, la hipocresía no es exclusiva de los católicos. Ser católico y participar en la Eucaristía no garantiza la santidad porque siempre queda nuestra libertad para corresponder a la gracia. Sin embargo, los católicos no frecuentan los sacramentos porque sean buenos sino para ser buenos. El que va a Misa es el que advierte la necesidad de que Dios purifique su corazón para amar con el amor que viene de Dios.
Tampoco se puede tildar a la Iglesia de intolerante. La Iglesia es por definición tolerante porque hace llegar el amor de Dios a los hombres. Ese amor de Dios que denuncia el pecado pero tiene infinita paciencia con el pecador. Lo que no se puede pretender es que la Iglesia llame al mal bien. Denunciar el mal no es intolerancia sino amor al hombre. Es precisamente intolerancia el llamar al mal bien porque entonces no preocupa el bien del hombre sino el propio interés. El relativismo es el principio de toda intolerancia en cuanto que divide a los hombres según el interés personal.
La Iglesia no va con la sociedad entre otras cosas porque ir con la sociedad no es garantía de nada basta con leer los periódicos para advertirlo. En nombre del progreso y del avance de la ciencia y la sociedad se cometen crímenes tan abominables como el aborto. Precisamente la historia de la Iglesia muestra que cuando ésta sigue los criterios de la sociedad en la que vive se aleja de los principios evangélicos. La Iglesia está al servicio de la libertad del hombre, está para salvarlo de la esclavitud a la que le somete su egoísmo. Si la Iglesia se identifica con los criterios de la sociedad deja de cumplir su misión porque deja de mostrarle el camino de la libertad.