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martes, julio 11, 2006

¿Pasa la sociedad de la religión?

Solo aparentemente pasa la sociedad de la religión, en realidad, los hombres se inventan diosecillos, dioses a la medida de su yo, sucedáneos del Dios vivo. La diferencia entre un diosecillo y el Dios vivo es que el primero está hecho a la medida del hombre, desde la ideología a un amuleto, desde el sexo a la superstición, desde la fama hasta la violencia, un largo etcétera. El Dios vivo, sin embargo, no se deja reducir. De Dios se puede esperar que se humille hasta extremos impensables movido por el amor al hombre pero nunca falseará el Amor y la Verdad que Él es. Dios no puede negarse a Sí mismo. Puede llevar su Amor hasta el extremo pero no puede hacer trampas. Dios es amor sin mezcla de egoísmo. El hombre ha de dejarse guíar por el Amor hasta salir de sí mismo pero no puede alear ese Amor con ningún tipo de egoísmo. Dios puede liberarnos pero no puede negociar con nuestro egoísmo. Por eso para encontrarse con Dios es necesaria una confianza absoluta en Él. Lo exacto no es decir que el hombre pasa de Dios sino que se esconde de Él.
El hombre occidental opulento, en general, se aleja de toda forma organizada de religión. La razón es que no quiere demasiado dios. Prefiere un dios light, una religión a la carta.Un dios que no vaya mucho más allá de sus emociones, de sus gustos. Sus creencias siempre las mide por el rasero de sus apetencias. Este alejamiento es mayor respecto a la Iglesia católica pues así como puede mirar con simpatía otras religiones en cuanto que son caminos humanos hacia Dios y, por tanto, caminos hechos en medidas humanas, el cristianismo es un camino divino hecho enteramente por sobremedidas divinas que exigen del hombre una salida de sí mismo absoluta y una confianza en Dios absoluta. Quedar enteramente disponible ante el Dios vivo es un cheque en blanco difícil de firmar. Con un dios domesticado siempre se puede negociar en el Dios vivo hay que confiar enteramente. Debido a este carácter irreductible del Dios vivo el alejamiento de la Iglesia católica acaba siendo siempre violento material o ideológicamente y nunca indiferente. Se puede pasar de todo menos del Dios vivo. Con Él solo podemos combatir, la alternativa es con Él o contra Él.