sobrelosmonteslospies

domingo, junio 11, 2006

¿Por qué existe el mal?

Si hablamos de bien y mal es porque existe Dios. Si no existiese más que materia no se podría hablar de bien y mal todo se reduciría al neutro fluir de la materia. Si hablamos de bien y mal es porque hay algo que trasciende la materia pues bien y mal son categorías inmateriales. Esta es una de las razones por las que nunca he creído en los materialistas porque de hecho no viven de acuerdo con eso que para ellos es un principio evidente, todo es materia. De hecho, todo comportamiento autenticamente humano desmiente radicalmente este supuesto principio. Si todo fuese materia no cabría hablar, por ejemplo, de justicia que es una realidad inmaterial. Sin embargo, buena parte del comportamiento humano se sigue por eso que llamamos justicia. La materia no posee nada semejante a justicia. Los átomos son sencillamente átomos que fluyen de un modo regular o abrupto sin más, indiferentes a toda moralidad. En el momento en que hubiese un más sería algo inmaterial con lo cual se vendría abajo el axioma todo es materia.

Para abordar la cuestión del mal es preciso advertir que Dios es serio con su creación, no juega con ella (o más bien el jugar de Dios es un jugar que nosotros no alcanzamos a entender que se llama gloria). Porque Dios no juega al crear ha de respetar la creación. En la creación hay una realidad excepcional: nuestra libertad, un espacio real fuera de Dios, como si Dios se hubiese hecho a un lado. Si por medio de ese espacio introducimos el mal en la creación ha de respetarlo, no puede cerrar ese espacio. Existe el mal porque sencillamente así lo hemos querido nosotros. Lo que realmente nos gustaría en ocasiones es que Dios no fuese tan serio con las cosas y menos con nuestra libertad. Nos gustaría que Dios hiciese trampas, que nos permitiese hacer el mal pero que nos quitase responsabilidad. Pero eso ya no sería Dios sino la proyección de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, sería un dios a nuestra imagen. Este querer desresponsabilizarnos es consecuencia del cansancio existencial. Una cultura saturada de bienes materiales no tiene energía para emprender cosas grandes, para vivir a la altura del espíritu. Vivimos en una cultura mezquina no aspiramos a lo mejor solo queremos que no nos culpen de lo malo. De ahí esa obsesión por echarle a Dios la culpa del mal. Para quien no aspira a lo mejor Dios es el culpable. Para reconocer a Dios es imprescindible afirmar que lo mejor es posible. El persimismo o cansancio existencial es la razón última del ateísmo, agnoscismo, etc.