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miércoles, junio 28, 2006

¿Se aleja la sociedad de la religión'

No es cierto, así en términos generales que la sociedad se aleje de la religión. Sí, es cierto, que el Occidente opulento la práctica social de la religión decae. Esto obedece a múltiples razones. Una de ellas es que la religión es para los sencillos de corazón y la cultura del Occidente opulento se ha vuelto engreída. La creatura se ha constituida a sí misma en centro y señora de su existencia, no reconoce más autoridad que la propia. El hombre rico se siente seguro y satisfecho de sí mismo, autosuficiente hasta no necesitar de Dios. Esta falsa seguridad y complacencia en sí mismo impide que acoja a Dios, al menos al Dios vivo, porque eso sí, acoje infinidad de falsos dioses, desde las estrellas creadas por los medios de comunicación a sus propias concepciones ideológicas, pasando por el bienestar, el progreso, el placer o la fama. Y para lo que no pueden dominar han creado han creado todo tipo de prácticas esotéricas, supersticiosas o pseudoreligiosas. Sólo hay dos realidades a las que se puede dar culto, a Dios y al yo, la cultura occidental ha elegido el yo. Muestra evidente de ello es que en la sociedad occidental se extiende el tedio existencial y la tristeza porque no esperan nada. Es lo que se denomina cultura de la muerte. Una sociedad religiosa es una sociedad donde se da una confianza vital en la existencia, hay una viva esperanza en Dios.
Cuando una sociedad se siente segura de su poder material no necesita a Dios, el yo se siente seguro de sí mismo. Solo cuando despierta de la vanidad de su sueño material escucha a Dios, cuando descubre que el yo no es Dios. Por eso tanta gente encuentra a Dios en los reveses de la vida. Una y otra vez Dios destruye las falsas seguridades materiales en las que el yo se parapeta para creerse Dios. Hay tanta presunción en la relación del hombre con Dios: tanta gente negocia con Dios, le pone condiciones, lo pone a prueba y puesto que Dios no se somete al chantaje (como si Dios fuese una función del hombre) dicen: Dios no existe. En realidad no buscan a Dios sino su propio poder, el poder del yo, por eso no lo encuentran. Para acercarse a Dios es preciso desnudarse del yo. La relación con Dios no es la relación entre dos iguales sino la relación entre la nada y la gloria, la muerte y la Vida, la indigencia y el Amor. El hombre moderno pretende dominar a Dios pero Dios no se somete. Ante Dios hemos de desarmarnos de todo orgullo, no pretender vencerlo. A Dios sólo se le puede acojer, recibir como un regalo. Dios es un regalo que desaparece de las manos en cuanto tratamos de manipularlo.

viernes, junio 16, 2006

¿Por qué existe el infierno?

Por la seriedad de nuestra libertad existe el infierno. La libertad es el único espacio que Dios no ocupará si nosotros no queremos. El ser humano tiene el poder de no dejar entrar a Dios en su libertad, a ese poder le llamamos infierno. Si Dios hiciese trampa, saltándose nuestra libertad, haciendo desaparecer esa libertad entonces sería injusto. Al saltarse la seriedad de la creación de nuestra libertad cometería una injusticia con todo aquel que sufre algún mal pues todo el mal es obra de nuestra libertad. Para suprimir el infierno Dios tendría que suprimir toda libertad. La ideología contemporánea ha tratado de descargarse esta responsabilidad negando que la libertad sea tal, es decir, afirmando que la existencia es solo un juego, por tanto, el hombre no es culpable. Se acusa entonces a Dios de todos los males. Pero esta falta de libertad del hombre no es verdad como lo demuestra la experiencia de cada uno.
La prueba de que existe el infierno es que existe mal sobre la tierra. ¿Dios no puede hacer nada para resolverlo? Ya lo ha hecho rescatando del infierno a los que creen en su Hijo Jesucristo.

domingo, junio 11, 2006

¿Por qué existe el mal?

Si hablamos de bien y mal es porque existe Dios. Si no existiese más que materia no se podría hablar de bien y mal todo se reduciría al neutro fluir de la materia. Si hablamos de bien y mal es porque hay algo que trasciende la materia pues bien y mal son categorías inmateriales. Esta es una de las razones por las que nunca he creído en los materialistas porque de hecho no viven de acuerdo con eso que para ellos es un principio evidente, todo es materia. De hecho, todo comportamiento autenticamente humano desmiente radicalmente este supuesto principio. Si todo fuese materia no cabría hablar, por ejemplo, de justicia que es una realidad inmaterial. Sin embargo, buena parte del comportamiento humano se sigue por eso que llamamos justicia. La materia no posee nada semejante a justicia. Los átomos son sencillamente átomos que fluyen de un modo regular o abrupto sin más, indiferentes a toda moralidad. En el momento en que hubiese un más sería algo inmaterial con lo cual se vendría abajo el axioma todo es materia.

Para abordar la cuestión del mal es preciso advertir que Dios es serio con su creación, no juega con ella (o más bien el jugar de Dios es un jugar que nosotros no alcanzamos a entender que se llama gloria). Porque Dios no juega al crear ha de respetar la creación. En la creación hay una realidad excepcional: nuestra libertad, un espacio real fuera de Dios, como si Dios se hubiese hecho a un lado. Si por medio de ese espacio introducimos el mal en la creación ha de respetarlo, no puede cerrar ese espacio. Existe el mal porque sencillamente así lo hemos querido nosotros. Lo que realmente nos gustaría en ocasiones es que Dios no fuese tan serio con las cosas y menos con nuestra libertad. Nos gustaría que Dios hiciese trampas, que nos permitiese hacer el mal pero que nos quitase responsabilidad. Pero eso ya no sería Dios sino la proyección de nosotros mismos, de nuestro egoísmo, sería un dios a nuestra imagen. Este querer desresponsabilizarnos es consecuencia del cansancio existencial. Una cultura saturada de bienes materiales no tiene energía para emprender cosas grandes, para vivir a la altura del espíritu. Vivimos en una cultura mezquina no aspiramos a lo mejor solo queremos que no nos culpen de lo malo. De ahí esa obsesión por echarle a Dios la culpa del mal. Para quien no aspira a lo mejor Dios es el culpable. Para reconocer a Dios es imprescindible afirmar que lo mejor es posible. El persimismo o cansancio existencial es la razón última del ateísmo, agnoscismo, etc.

Recetas para no pensar

El peligro de las recetas afecta de un modo particular a la religión. Buen número de personas de buena voluntad no viven religiosamente porque tienen prejuicios contra la religión. Esos prejuicios suelen ser recetas manidas, algunas con siglos de solera, con las que se prentende dar razón de la propia falta de vida religiosa. Tantas veces tales prejuicios se vendrían abajo si se venciese la pereza y se pensasen detenidamente semejantes recetas.

No existe ningún argumento racional contra la religión. La religión es de suyo lo más racional, es por así decirlo, la cima de la racionalidad. Los argumentos que contra la religión se esgrimen podrían reducirse a malentendidos, tópicos, equívocos, leyendas negras, unilateralidades, prejuicios ideológicos, ignorancia, errores o maliciosas falsificaciones. Vivimos en el interior de una cultura que ha encerrado al hombre en un único pensamiento ideológico acrítico e irracional por eso comenzar a pensar, comenzar a sospechar que las respuestas dadas, que las recetas, no son la respuesta es ya haber empezado a saltarse la muralla, haber empezado a iluminar esa tiniebla que pretende oscurecerlo todo.

Esa tiniebla tiene un nombre concreto en nuestra época, se le puede llamar, en general, sensacionismo. La sensibilidad es el primer modo que tenemos de acercarnos a la realidad pero cuando la sensibilidad condiciona y bloquea el uso de la razón entonces el hombre queda al arbitrio de las sensaciones, el hombre ya no conoce la realidad como ella es sino como la siente, eso es el sensacionismo. Vivimos en una cultura eminentemente sensacionista, por ello, la mayoría de las recetas se saltan la racionalidad y apelan directamente a las sensaciones. Se precisa un ejercicio de sobriedad de la sensibilidad para que la razón pueda devolvernos a la realidad.

miércoles, junio 07, 2006

Recetas para no pensar

Hay una pregunta que con demasiada frecuencia llega demasiado tarde: "¿Por qué?" La hemos oído tantas veces, ante un accidente, ante una enfermedad, ante la muerte...ante todo lo que hace que se estremezca nuestra existencia. Cuando esa pregunta debería haber estado al principio, debería haber antecedido a todas las decisiones importantes de nuestra vida. Un por qué o una serie de por qués que nos hubiesen puesto de cara a nuestra existencia, que nos hubiesen hecho hacernos cargo de ella. Sin embargo, un gran número de personas dejan que sea la vida quien decida por ellos y en ese caso la vida es siempre una decisión que otro ha tomado en su lugar.

El último por qué, el que llega tarde significa casi siempre que uno ha dejado de considerar todos los por qués importantes de su vida, que uno ha vivido de recetas que otros han fabricado. La ventaja de las recetas es que son muy simples, funcionan por su simplicidad. Pero son tan simples porque dejan fuera todos los aspectos relevantes de la vida. Son recetas para salir al paso de la vida pero excluyen lo que realmente es la vida. Así, por ejemplo, la fórmula, lo importante es ser feliz, olvida lo más importante, en qué consiste la felicidad y cómo se logra.