¿Por qué no creo en los ateos?
Con frecuencia oigo afirmaciones del tipo: Yo no creo, yo soy agnóstico, yo soy ateo, etc. Que la gente repite como si estuviesen diciendo algo con certificado de garantía intelectual. Algo así como si dijesen, esta es una afirmación intelectualmente avalada, por tanto, todo lo que puedas decir deja desde este momento de tener valor intelectual. La afirmación se convierte en una especie de fórmula mágica que sitúa a quien la pronuncia en el olimpo de la razón lejos del alcance de cualquier racioncilla no avalada por el conjuro mágico del agnosticismo. Pues bien, la afirmación Dios no existe carece de rigor intelectual. Es una afirmación acerca del sujeto que la formula no acerca de la realidad. La única afirmación con rigor intelectual sería: Es imposible que Dios exista. Mientras uno no es capaz de probar esto de un modo irrefutable todas las afirmaciones acerca de la no existencia de Dios son frivolidades. Pero es que además tal prueba de la inexistencia de Dios es imposible porque supone un juicio acerca de la realidad como totalidad que es de suyo metafísico pues toda pregunta acerca del todo es una pregunta acerca del ser como tal.
¿Por qué la afirmación: Es imposible que Dios exista es la única afirmación atea con rigor intelectual? Porque la existencia de la más remota posibilidad de que Dios exista exigiría del hombre que emplease toda su vida en verificar dicha posibilidas. Esto es así porque que Dios exista o no define radicalmente la existencia del hombre. Quien afirma: Soy agnóstico, soy ateo lo único que manifiesta es escaso rigor intelectual, es decir, su búsqueda carece de la seriedad necesaria para responder a la pregunata: ¿Existe Dios? Por eso no encuentra porque no pregunta con suficiente compromiso y rigor intelectual y moral. El problema no está en la respuesta sino en la pregunta. El que eso afirma en su pregunta no ha salido de sí mismo. Por eso considero que tales afirmaciones son pura expresión de la subjetividad del que las formula no afirmaciones acerca de la realidad. Nuestras respuestas suelen llegar hasta donde llegan nuestras preguntas. Y estos parecen no preguntarse más allá de sí mismos. Tales afirmaciones parecen más bien coartadas para eludir la responsabilidad moral que conlleva la existencia de Dios. Tales afirmaciones no significan nada no expresan más que una sensación, un estado de ánimo. No hay ni una sola prueba que descarte la la posibilidad de la existencia de Dios y eso deja a los que se dicen ateos en muy mala posición.

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